lunes, junio 22, 2009

"EL DIA DEL PADRE"




Si no tengo padre


Cada día¿a quién pediré¡"bendición"cada día, contento.
Al levantarme cada mañana.Cada noche al acostarme.¿a quién besar las manos?¡Bendición!¿A quién y cuándo?...
Cuando llegoal salir de la escuela,a mi casacada tarde...Donde mis hermanasse pelean, juegan,se desvisten,hambre;gritan y correncuando llego en la tarde.
Con mi bulto,llego de escuelasucio, "rotoso",ansioso y cansado,cada tarde¡Yo no sé a quiénbesar las manos!¡Yo no sé a quiénpedir:Bendición!cuando llego a "las casas"más triste,cada tarde.
Cuando llego,está mi madre"trabajando".
Está en la calle.Cuando regreso de la escuelatriste, fatigado, con hambre,cada tarde,¿a quién pediré:¡Bendición!¿Ni a las casasllegar yo quiero?Sí, me dan ganas,me dan ¡tantas ganasde llorar!
¡Está trabajando mi...madre!Hasta la noche,cada día, todos los días,hasta tarde.¿Dónde haré las tareas?En la calle.Yo quiero, quiero yobesar las manos.Yo no séa quién pedir:¡Bendición!¿A quíen y cuándo?
Cuando llego a "las casas",-llego fatigado-sin ganas voy llegando,retardando las ganas.Sucio y cansado llego.Atormentado.Quisiera bañarme.El agua en la cañadaestá enlocada.El agua baja infecta.Para bañarmetengo que ir muy lejos,en la noche,cuando llega mi madre.Con taparas, voy al río a bañarme.Traré un perol,dos peroles,llenitos de agua,para que se bañe,mi madre
Mi amigo el venadito,el catire Carlos,el negro, Felipe,Juan, el saino,el cunaguaro, Pedro,Pablo, el largoel feo Judas,y Lina, la cachimbame convidancon cambures y mangos.Pero, ¿a quién pedir:Bendición?
Jugamos con mamonesa metras, a manchas,junto al patio, "el loco";frente a la bodega"el guapo el barrio"bajo el puente,
en la quebrada, cerca "el" río,cada tarde.Sin pedir,-¿a quién?-la bendición cada día,cada tarde.
Con trapos,papeles, cartones,envases vacíosde cuarticos, sucios,hacemos pelotas.Con cualquier palologramos un bate.¡El lote es tan chico!para jugar beisbol,junto a la calle.Cantamos jonrorescuando la pelota"dentra" en la bodegaa tumbar envases.
Y se enojaAntonio el pardo.El partido se acabacuando la pelotacae al río."Fúrico", enojado,el jorovaditonos regaña.
Yo quieroregresar a casa.Quiero pedircomo tantos niños:¡Bendición!¿A quién, si no hay nadie?
Ya se viene, ya llega,el "Cohete Gringo"con carga de papas,mandarinas, auyamas,yuca, pimentones,ajises dulces,jojotos, ñame,"Pa" que el bodegueronos dé unos centavos"tuitos" "apuraos"bajamos la carga.Nos regala un fresco,y más apuraoslimpiamos la callede latas, botellas,de conchas, de...casi cada tarde...
¡Otra vez cansado!En la noche, noche,quiro revolcarme,echarme a dormiry antes pedir ¿a quién?¡Bendición!antes de acostarme.¡Sin bendición, a revolcarme!¡Maldición cada día!¡Maldición cada noche!Mi madre trabaja,en la calle.
Cuando en la mañana,al "pararme"hallo algún guarapoque apresta mi madreantes de acostarse'apurao' lo tomo,corro hacia el kiosco,"pa" vender diarios.¡Sin la bendiciónque no me da nadie!¡Qué pena ser huérfano!
Con mi blue jean sucio,mi franela rota,las cholasde dos colores,salgo apuradito,en el nombre de Dios,con pena a la calle.
sin comer la arepapara ir a la escuelaen la tarde.
A la escuela, al colegio...cada tarde...Sin besar la manoa nadie.¿A quién pedir:¡Bendición!?si no está mi madre!Si no tengo padre!
¡Mal padre,¡Tan triste que nieguesBendición al hijo!¡Mal padre! ¡Mal padre!Despojo de ti mismo.Sembrador de barrigas,sin cuidar a nadie,sin cuidar de nadie,sin amar a nadie.Huyendo de todo en la realidad.Huyendo de ti¡Ruin! ¡Cobarde!¡Busca a tu hijo!¡Búscalo! ¡Mal padre!¡Tu hijo te espera!¡Abraza a tu hijo!¡Besa a su madre!¡Bendice a tu hijo!Y sabrás¡Qué bueno es ser padre!Sentirás¡Qué dichaal besar al hijoque te llama,Padre!!!



Juan Morera Peralta


http://diadelpadre.yaia.com/poesias.html




domingo, junio 14, 2009

miércoles, junio 03, 2009




Dilapidar una fortuna

En las expresiones populares, las palabras suelen perder su sentido individual en favor del contexto, y muchas veces su significado aprendido no tiene nada que ver con el literal. Cuando te dan ‘una de cal y otra de arena’, ¿cuál de ambas materias representa lo bueno y cuál lo malo? Casi nadie lo sabe y quienes lo saben discrepan entre ellos. En cambio, al otro extremo, están las expresiones cuya interpretación se ciñe al pie de la letra, no dejando espacio a subjetividades, aunque sí a la investigación. Carlos Manuel Alvar, filólogo de la Real Academia Española, se centró en el origen de ‘dilapidar una fortuna’ y, tras 8 años de indagaciones lingüísticas e históricas, lo encontró en la lápida bajo la que yacía María Isabel de Burgos, la condesa que gastó toda su fortuna en hacer que el momento de su muerte fuese el más feliz de su vida.

Ya a una edad avanzada, donde el final es más una espera que una irrupción que te toma por sorpresa, María Isabel de Burgos decidió despedirse de este mundo con la misma ilusión que había mantenido intacta desde su infancia. Por otro lado, el tiempo consiguió agudizar su aprecio hacia la música oportuna, la inusual alegría silenciosa de las personas y la naturaleza transparente de los animales.

Lo primero que le nació hacer fue fijar la fecha de su muerte, cosa que le resultó sencilla a pesar de que las cuatro estaciones del año la cautivaban por igual. Debido a la índole del asunto, optó por la primavera. Siempre prefirió las mañanas soleadas para despedirse de sus anfitriones, en especial de su tía abuela. Le emocionaba verla hondeando la mano a la mayor distancia posible, desvaneciéndose a lo lejos, poco a poco, con suavidad, mientras grababa en su memoria cada grata experiencia vivida durante su estancia. Además, el aroma de las flores le recordaba a su madre. En todo caso, la elección del día en concreto tendría que esperar. Previamente, era necesario saber en qué región del planeta se hallaba el sitio ideal para partir. Así que volcó su entusiasmo en redactar las características del lugar que tenía en mente y, una vez detalladas, contrató a más de un centenar de aventureros para que lo encontrasen. Pasados nueve meses, ninguno consiguió localizar un paraje al menos un tanto parecido. Decidió crearlo. Tardó cuatro años en ultimar hasta el más insignificante pormenor.

Todo el dinero, las tierras y los palacetes que poseía los destinó a construir una réplica exacta del paraíso que había edificado en su cabeza. Y para poder disfrutarlo durante el momento de su muerte, lo puso en garantía de un cuantioso préstamo. Tras el cobro, esa hermosa propiedad fue tristemente desmantelada. Lógicamente, ella no llegó a verlo.

¿Y cuánto duró aquel momento? Cuarenta días, el número de seres queridos -incluyéndose a sí misma- que habitaban en sus pensamientos. Deseaba dedicarle un día a cada uno, sin juntarlos. Por una parte, le desagradaba la bulla de las conversaciones cruzadas y, por otra, amaba esa intimidad especial que surge en la pareja, independientemente de las combinaciones de géneros y edades.

A lo largo de esas jornadas, nunca se repitió ni un elemento que componía el programa diario. Incluso los cocineros cambiaban según el plato que se iba a preparar. Los directores de orquesta, los actores, los magos… fueron seleccionados de acuerdo a la personalidad de cada invitado. Todo estaba tan sensiblemente calculado, que hasta los distintos márgenes que dejaba para la espontaneidad eran precisos. La música aparecía en los silencios de los diálogos, prolongándolos, estirando el eco de las palabras en el espíritu, armonizando las ideas para aportar un comentario acertado, enriquecedor, memorable. Algunos paseos eran endulzados por el vuelo de un ave exótica, en otros subía la adrenalina ante la presencia de una manada de leones, acechando al otro lado del precipicio. Había encargado traer animales de los cinco continentes, que planificó devolver a su hábitat natural.

El día que había elegido para su muerte fue magnífico. El sol no hizo nada distinto. Las nubes, con su ausencia, le regalaron una vista espléndida, que le hizo más cálido el recordar las cuarenta manos hondeando, desvaneciéndose a lo lejos, poco a poco, con suavidad, mientras grababa en su memoria cada grata experiencia vivida durante su estancia. Desde no se sabe dónde, se alcanzaba a oír un coro de niños con voces dulces y alegres. Al pie de su cama, un espejo que le permitió ver su sonrisa ilusionada por última vez.

No le fue necesario beber el veneno. Estaba tan convencida de su partida que únicamente le hizo falta cerrar los ojos.

Como dije al inicio, en las expresiones populares, las palabras suelen perder su sentido individual en favor del contexto. En esta ocasión, ocurrió lo contrario. Tanto la forma como el significado de ‘dilapidar’ (malgastar) se debió a la distorsión que el tiempo y la repetición provocaron en la frase original: ‘la lápida le costó su fortuna’. De todas maneras, la condesa María Isabel de Burgos no se hubiese podido llevar ni un céntimo.


por Rafael R. Valcárcel